Hecho a sí mismo

No me importa quién sea la persona más rica del mundo. No la envidio. De verdad de la buena. Nunca he anhelado el vehículo de alta o baja gama de mi vecino, ni la casita en la playa de la que presumía una antigua compañera de mesa. «Con aire acondicionado y todo, majo».- me precisaba.

Como mucho, confieso, sueño despierto con cuánto tiempo sería capaz de sobrevivir con semejante cantidad de pasta sin haberme arruinado antes. Riesgo de ser de letras puras. Como bien saben, todos los estudios sentencian a la ruina a la mayor parte de afortunados por el azar: 8 de cada 10. No todas las fuentes confirman el dato, pero sí existe consenso en que los premiados pierden cerca del 50% en gastos varios y son firmes candidatos a declararse en bancarrota. 

Leo que sólo un 34 % de los grandes patrimonios en España se corresponde con personas hechas a sí mismas. Vamos, que siete de cada 10 se lo deben a otros. ¿A quién? Puede ser heredero de una gran idea o gestor del riesgo de un proyecto previo. En otros casos, supongo que su actual fortuna se deba al esfuerzo ajeno, la oportunidad, las influencias (que quiero pensar siempre respetarán la legalidad imperante) Porque el que tiene nómina está atado, y bien atado.  

El esfuerzo y el trabajo duro, el tesón, abren las puertas. O eso se nos dijo. Curiosamente hablo de esto mientas personas a las que envidio por su sobrado talento padecen en carne propia la mediocridad de un sistema que prefiere acumular papeles que den fé de una supuesta valía en vez de rendirse a la evidente  (o eaudiente, si me permiten el neologismo) de su profesionalidad.  

El ascensor social se basaba en…

El esfuerzo diario.  

El compromiso con la empresa, aunque esta no lo tenga con sus empleados.   

La educación permanente.

Los idiomas. Ay, los idiomas y su acreditación. Dan para una tesis.

Y fue así cómo el ascensor social se convirtió en un embudo.  

¿Qué será lo próximo? La llegada de la inteligencia artificial descartará algunas habilidades hasta ahora consagradas por un sistema productivo que nos promete un supuesto ascenso. ¿De verdad? Sigo sin explicarme cómo alguien ha acumulado fortuna sin haberse hecho a sí mismo.

Si son capaces de responder a esta pregunta, habrán encontrado el sentido del trabajo remunerado. Si es que alguna vez tuvo sentido -alternativa nunca hubo- eso de cambiar tiempo de vida, por una moneda, un billete o un papel mensual donde dice que hemos recibido un ínfima parte del botín que acumulan quienes proclaman haberse hecho “así mismo”.  

Palabras sueltas

Weblog sobre radio, comunicación e historias del día a día. Me defino como un radioyente metido a locutor, pues el periodismo siempre fue una excusa para acortar distancias.