Guárdenme el secreto

Hasta el 40 de mayo, no te quites el sayo.

Y si echan cuentas esa fecha, el 40 de mayo, se cumplirá mañana. «Quitarse el sayo» apunta el refrán, por aquello de lo inestable del clima; también del laboral.

No se lo digan a nadie y guárdenme el secreto: quedan menos de 17 horas desde que escribo estas líneas y les pongo voz en antena para que, si nadie lo impide (otra vez), supere el período de prueba como redactor locutor. 

22 años, 16 temporadas, media docena de regímenes contractuales, 3 etapas distintas frente al micro, pero no será hasta esta próxima medianoche cuando queden probados el mérito y la capacidad suficientes.

Será al concluir esta jornada que ahora nos alumbra con sus primeras luces y que dará paso al día en el que yo vi la luz por primera vez hace ya un carro de años. 

Lo mío no tiene nada de particular. Miles de personas hemos vivido historias similares. En este país y durante décadas nos hemos administrado,  educado o sanado gracias a grandes profesionales, entre ellos miles de interinos, cuando no crónicos en la inestabilidad laboral. La única diferencia estriba exclusivamente en la naturaleza periodística de este gremio, que me sitúa en su oído cada domingo, y a esta columna, que me fuerza a opinar… Que siempre podría callarme, pero si cuando me convenía hacerlo no lo hice, tampoco sería hoy quien soy. 

«Porque la mía no es una historia de éxito, sino de empeño… »

Toni Garrido

(Hoy por Hoy, Cadena SER | 4/9/2017)

La frase anterior la escuché en boca de otro locutor cuando se asomó al micro después de un largo paréntesis. Estaba yo entonces fuera de onda, en barbecho, y aquello me removió por dentro. Sentí sus palabras como propias. Una historia de empeño -y añado de mi cosecha- de empeño por estar a este lado del altavoz, del auricular.

De la primera del dial, a las emisoras piratas que rondaban la zona final del mismo. De mi primer Sanyo, con su ruleta, a aquel AIWA que memorizaba cada radio. El fútbol nocturno en otras emisoras me empujó hasta el 756 de la Onda Media e hice escala en Roge antes de levar anclas e iniciar mi propia travesía en este oficio. Mis primeras palabras no fueron, en cambio, ante este micro. Era demasiado joven… Tenía toda la pasión del mundo y ningún título que probara mi valía. La primera oportunidad fue ante un micro verde, verde esperanza, antes de acabar la carrera.  Creyeron en mí tanto o incluso más de lo que yo luego lo haya hecho nunca.  

Fue después de la uni, cuando empecé como becario en esta emisora -con decenas de frecuencias: 91.7, 95.7, 103.2…- y miles de oyentes. Largas noches de boletines, informativos, matinales como Hágase La Luz, que presenté durante dos temporadas, y la tarde graffiteada donde permanecí 6 años. Pronuncié Más que palabras, muchas veces y en dos etapas, incluso en vísperas del naufragio. Pues luego vendría el destierro; o el exilio autoimpuesto, según se mire, ya que todo lo que vemos es una perspectiva, no la verdad. Y esa gran verdad, que ponen en boca de Marco Aurelio, excusa el escaso acierto de mi propio punto de vista.  

Entenderán que hoy no pueda dejar de pensar y agradecer a quienes me enseñaron a querer, a mimar y venerar el micrófono. Asumo el paso de los años y el júbilo que estos proporcionan ahora a quienes disfrutan de su retiro laboral. No olvido, en cambio, a las decenas de profesionales que hace justo una década padecieron un destierro colectivo ni a otras muchas que se vieron en la necesidad de emprender otro rumbo. A todas ellas, mi reconocimiento, cariño y gratitud. 

Durante estos años de ausencias, mi mente dibujaba un regreso a la radio sobre los acordes de una canción. Y la verdad, tanto el nombre del grupo como el del propio tema musical escondían un significado que cobra hoy todo su sentido: Sin Rumbo y este “Volveremos a casa”  

Nunca pensé que sería posible verbalizar lo que hoy siento, en vísperas de completar otra vuelta alrededor del sol. Gracias a la radio, que sólo tiene sentido por ustedes, vosotras, vosotros.

Porque la mía no es una historia de éxito, sino de empeño.

Palabras sueltas

Weblog sobre radio, comunicación e historias del día a día. Me defino como un radioyente metido a locutor, pues el periodismo siempre fue una excusa para acortar distancias.