Diccionario para toda disculpa política

Las grandes decepciones conllevan comparecencias grandilocuentes. No juzgo la oportunidad política sino la dialéctica. El vocabulario que manejan nuestros
mandatarios resulta a veces ampuloso, a menudo cínico y siempre necesitado
de un diccionario que decodifique lo acertado de sus palabras. A fuerza de
manejar sus propias contradicciones, sus señorías nos sorprenden con discursos donde se puede combinar perdón con disculpas. Que no es lo mismo. Verán, ofrecer disculpas implica no ser ni sentirse responsable de lo que ha
ocurrido. En cambio, pedir perdón conlleva reconocer la responsabilidad, evidenciando humildad y dejando en manos de otro que exculpe lo que se asume haber cometido.
El problema es cuando se ofrecen disculpas y se pide perdón todo en una
misma frase y una misma tarde de junio. Que en sentido estricto es como comer y
sorber a un tiempo y no atragantarse en el intento. Parece un antídoto. Un
dos por uno. Una de cal y otra de arena, que hacen la mezcla buena, como en albañilería.

Construcciones discursivas para las que resulta siempre más efectivo un
diccionario. Sí, ni código penal ni polígrafo o suero de la verdad. Incluso antes que una amplia hemeroteca, un simple diccionario proporciona buena parte de las claves.

Por un lado están los circunloquios. Acuérdense del «cese temporal de la convivencia» que evita la palabra separación. O de la «simulación en forma de retribución
con pago ‘en diferido’». O los matices entre lamentar y condenar ante cualquier barbarie.

Por otro lado, está la opción de vaciar de su significado a una palabra exacta y precisa. Por ejemplo, negar una amonestación argumentando que se trata de «una simple
advertencia de seguridad preventiva
». Basta consultar el diccionario para
leer que amonestar es precisamente eso mismo: “hacer presente algo para que se
reconsidere, procure o evite. Advertir, prevenir, reprender

A nuestra clase política le asusta la precisión del idioma por duro que éste pueda llegar a sonar. Con o sin pinganillo, las palabras encierran un significado repleto de matices, base del respeto al idioma -propio y ajeno- y a la propia verdad. Recuerdo bien la tapa de mi diccionario Aristos de Sopena. Nos contaba mi profesor de Lengua castellana que un pastor de tales pagos lo llevaba consigo durante la trashumancia para
descifrar las novelas que lo acompañaban en esos meses donde frecuentaba la compañía de ovejas y viejas lecturas. Y pienso que, en este
tiempo donde tanto empeño existe en marcar al rebaño, nadie mejor que un humilde pastor para aleccionarnos frente al balido aborregado.

Palabras sueltas

Weblog sobre radio, comunicación e historias del día a día. Me defino como un radioyente metido a locutor, pues el periodismo siempre fue una excusa para acortar distancias.