Mi, tu, su

La verdad es un dogma de fe. No atiende a razones y, aunque un hecho sea cierto, no justifica el odio 

Creo que con la frase anterior todo lo que les voy a contar a continuación es redundante. Bastaría con invitar a reflexionar sobre lo que nos dijo en Boulevard de Radio Euskadi el catedrático en derecho constitucional por la Universidad de Cádiz. Con que escuchen la entrevista en gure audioa – GUAU.eus para aplacar el aullido de las fieras que merodean estos días por una localidad de Murcia que ninguna culpa tiene de que manoseen su nombre y lo blandan como nueva excusa para satisfacer sus propios complejos. Pero me temo que no. Que no basta con escuchar a gente que sabe de ley, de derecho y de respeto a la verdad.  

Si descompusiéramos los hechos, los sucesos de Torre Pacheco surgen tras una grave agresión a un señor mayor  y unos supuestos agresores que, sea quienes sean, no son hermanitas de la caridad.

Hasta aquí nada que lo diferencie de centenares  de sucesos. Pero añadamos  un origen ajeno para que los supuestos atacantes adquieran en la mente de algunos la oportunidad perfecta para encender la mecha. Y ésta de Murcia, a diferencia del chupinazo de San Fermín, ha prendido a la primera.

El odio como combustible. Carroñeros de todas partes acuden al llamado. Las hienas corren y corroen las redes. Y el verano y el asueto hace el resto gracias a la atención mediática.  

Las ganas de no entender, la incomprensión e intolerancia.  La inmundicia se adueña de la oportunidad política que, repleta de mendicidad moral, se vale de un grave suceso para justificar un desplante e ignorar la necesidad de asumir sus obligaciones:  la gestión de inmigrantes menores no acompañados. La pose como único remedio.  La verdad, política, como dogma. Como justificación para todo lo demás.  

Siempre me ha sorprendido la facilidad con la que en ciertos programas de televisión el artisteo pregonaba SU verdad. La mía, la tuya, la suya. A veces el posesivo cobra todo el sentido del mundo, mientras este último se me antoja cada vez más ajeno.  

Palabras sueltas

Weblog sobre radio, comunicación e historias del día a día. Me defino como un radioyente metido a locutor, pues el periodismo siempre fue una excusa para acortar distancias.