Síndrome argumental

Lo que les vengo a contar esta semana se resume en un frase: hay síndromes que no tienen evidencias científicas y políticos que no tienen vergüenza ajena. Y luego está el síndrome del argumentario político. Lo del argumentario de serie se estila por igual en izquierda que en derecha. Lo mío no es equidistancia, sino otra evidencia -palmaria- del equilibrio argumental que se gastan a diestra y siniestra. Porque cuando una declaración resulta insostenible en esta sociedad sostenible que aspiramos a construir a marchas forzadas, entonces, toda formación política aprieta filas y aclara su voz para que el coro desafine lo menos posible.  

Da igual una guerra, que un plan estratégico, que una reacción ante un suceso… El avezado oído detectará cómo se repiten las consignas. Hora a hora, minuto a minuto y durante todo el día. Da igual la entrevista, que la rueda de prensa… Al igual que el huevo y la gallina, la idea y el político se gastan el mismo dilema y pecado original.  

Frente a la prosa de los discursos, los versos sueltos suponen un soplo de aire fresco en política y en la vida en general, donde el corsé de lo políticamente correcto desdibuja los límites entre responsabilidad e infantilización social.  Por esa razón, se agradece cuando alguien combina responsabilidad y certeza. Que no se aproveche una agresión para hacer populismo, pero que no se rehuyan tampoco los debates sobre inseguridad. Pues todos tenemos boca y podemos equivocarnos, pero también ojos en la cara; y el “y tú más” puede salir caro. La mentira tiene patas muy cortas y, aunque hay quien crea que todo cuela, la paciencia y la credulidad tienen un límite. Ya saben, aquello de que el listo es listo hasta que el tonto quiere

Deberían nuestros dignatarios dignarse a pensar que, al igual que un jefe del estado es el más preparado de la historia, “la gente” no lo es menos. Que la educación universal ha facilitado una sociedad crítica a la que, por mucho odio que se le inocule, sabe diferenciar prejuicios de realidades, distinguir la solidaridad del abuso y las verdades a medias de las mentiras completas. Ética y política.

Decía Clarke que la mejor medida de la honestidad de un hombre no es su declaración de impuestos. Es el ajuste cero en su báscula de baño.  

Palabras sueltas

Weblog sobre radio, comunicación e historias del día a día. Me defino como un radioyente metido a locutor, pues el periodismo siempre fue una excusa para acortar distancias.