El anuncio podría ser así:
Interior. Pasillo. Redacción. Diurno.
Luz tenue. Un poco de música y…
(( Acción ))
Vemos a una periodista. Se agacha sobre el suelo oscuro y recoge un décimo de lotería. Sabedora de que tiene entre sus manos la suerte de otra persona, el agobio se apodera de la situación.
La secuencia prosigue en recepción donde sus compañeras, conocedoras de las ropas impecables y trapos sucios del medio, dan con la identidad del susodicho. Compañero de fatigas, obrero infatigable y anónimo en lo que atañe a esta columna para evitar la querella.
La redactora, satisfecha de su buena obra, sonríe y le tiende el décimo. El camarada le agradece el gesto… le agradece el gesto y…. Y….. surge el dilema. La bienhechora le pregunta por la posibilidad de hacerse con una pequeña cantidad de aquel décimo de lotería. Y no.
El no como toda respuesta. La negativa que se traduce en un nuevo acceso de deseo. De saberse poseedora hasta hace unos minutos de una posibilidad. Hasta que Scrooge le robó la ilusión en su cuento de navidad.
El siguiente plano nos sitúa frente al ordenador. Ella sabe que ese número tiene algo. Y nada le apartara de su sueño…
Comparte sus desvelos con otro compañero de oficio. Pongamos que conmigo mismo, por ejemplo. Podría ser que entonces la acción discurra frente a una administración de lotería. Y que al final no fuera solo un décimo sino que, ya puestos, pidiera dos para otra amiga.
Podría incluso suceder que, tras un café matinal edulcorado con esta anécdota, la historia provocase una reacción en cadena.
Y si toca… ya que has ido… y porque no me coges…
Puede que incluso toda un ejército de redactores y locutores acabasen por adquirir ese mismo número. Que miles de oyentes decidieran seguir sus pasos, que todo un país escogiera ese número como el afortunado por encima de toda lógica.

Todo por un descuido. Por el mismo azar que causó su pérdida. Por la misma probabilidad que se esconde en el “y si toca aquí ” Esa duda filosófica que encuentra su réplica en el 50% de posibilidades de que no toque aquí. La envidia preventiva, lo llaman los psicólogos. Y no es el único dato.
7 de cada 10 personas juega al sorteo de Navidad . De ellas, una de cada cuatro tiene entre 45 y 54 años. Y anillo. Sí, según el Estudio de Prevalencia de Juego, las personas casadas suponen casi el 60% del total de quienes juegan exclusivamente a la lotería. La tradición manda, aunque alertan los expertos de que esas costumbre pueden camuflar prácticas problemáticas.
Compartir el décimo con pareja, familia y amigos es una de las principales ilusiones. Aunque no fuera el caso de quien perdió su décimo y no lo quiso compartir desatando la fiebre por el décimo más codiciado de… Di que todo es ficción, ¿verdad?
Que la suerte te acompañe .








