Quien entra al supermercado acompañado de un niño sabe que es difícil librarse de que el carrito contenga algún producto más del que figuraba en la lista de compras. Que si una chocolatina, unas galletas con dibujitos, algún dulce… Lo que caiga. Rara vez la niña o el niño aparecerán con un bote de garbanzos cocidos, pimientos del Piquillo envasados en Perú o una lata de caballa en conserva.
En ese instante, lo único que, además del aire, el adulto aspira a conservar es la calma que tras minutos desfilando entre estanterías y lineales está ya en oferta por fin de existencias. Los gastos hormiga son pequeños, pero su suma diaria da como resultado una cantidad considerable. Más allá de las suscripciones digitales y otros pequeños gastos, los cafés y los tentempiés entran en esta categoría de gastos hormiga. Quince euros de cada 100 se van al hormiguero sin necesidad de tarjeta infinity.
En eso estaba pensando cuando saqué la tarjeta de plástico que –oh milagro condona nuestras deudas tras un agudo pitido. Luego miré para atrás y vi a una señora apurada en la caja contigua. Rondaba los 70 años, tal vez más. Casi en susurros, preguntaba a la dependienta cuánto sumaba cada producto escaneado a la cuenta total. Su rostro cabizbajo mostraba el mal trago y recordé que, de críos y no tanto, también debíamos recurrir a la benevolencia del dueño de la tienda de golosinas para no pasarnos. ¿Me llega?
La inflación responde por nosotros. Los mayores de 65 años, especialmente los que viven solos, enfrentan inflaciones elevadas debido a sus patrones de consumo. Household Budget Survey lo cifra en un 7,4% en zonas urbanas. Son veteranos en apretarse el cinturón. La vida no siempre se lo puso fácil. El presente aún un poco más difícil que al resto. Otros caprichos, como el cuestionable cálculo de la cesta de la compra, no da tregua mientras uno se pregunta por la vunerabilidad a la que condena un cálculo superficial de los gastos reales. El coste de la vida está mal calculado y eso tiene consecuencias enormes en tu salario, tu hipoteca, las pensiones… sostiene la experta economista Sofie Waltl. En una reciente entrevista en un suplemento dominical, detallaba que las estadísticas oficiales ignoran el mayor gasto de las familias. La vivienda y el cálculo desfasado de la cesta de la compra hacen el resto.
Quizá fueron cosas mías, pero aquella mujer me devolvió una mirada junto a su sonrisa mientras asistía a la riña infantil a cuenta de una chocolatina. El valor, pensé, se mide por la entereza ante la vida, no por el precio que a ésta le pongan.








