Primero fue un insólito magnolio, después un ciruelo en una curva al que siguieron otros cuatro en un parque. Iba paseando y cada árbol aparecía a mi encuentro con las primeras flores del año. Desde esta semana la primavera apunta maneras y sólo nos falta el guindo del que caer, aunque para eso siempre es necesario estar mínimamente informados, claro.
Dejamos atrás el carnaval, esas ganas de disfrazar una realidad marcada por una actualidad en plena mascarada. En esa pasarela encontramos: intentonas por unir a la heterodoxia zurda, a dirigentes considerados versos sueltos cuando en realidad ansían rimar ellos frente a quien critican, presidentas autonómicas que se quedan huérfanas de responsables en educación (si es que alguna vez ella tuvo alguna), consejeros que reprimen su reprís inicial ante la amenaza postrera del presidente de sus socios… Y Trump, siempre Trump; como diana de todos nuestros dardos, pese a que gracias a su intervención militar nos lo traigamos crudo de Venezuela.
Somos una magnífica contradicción, fruto de la intolerancia y ésta última es tendencia. Según un artículo de Papeles del psicólogo, las personas más proclives a sufrir un proceso de radicalización y extremismo son aquellas con mayor dificultad para tolerar la incertidumbre, que han experimentado una pérdida significativa de sentido personal, y poco dadas a la cooperación. También escasamente informadas, se apunta.
Se habla mucho de fatiga, de saturación de noticias, de alergia –no primaveral- sino informativa. Su origen, diagnostican, está vinculado al enfoque pesimista de las crónicas y la incidencia que los algoritmos tienen sobre los resultados de lo que es o no actualidad de interés. Sólo así se entiende que ya sean más lo que consumen menos, poco o nada de información.

En el Reino Unido, clásico referente por ser cuna de la BBC , el interés por las noticias ha pasado del 70 % en 2015 al 38 % en 2024. Digital News Report concluye a nivel global que la fragmentación del consumo de noticias es evidente: mientras hace una década solo Facebook y YouTube alcanzaban al menos al 10% semanal de usuarios, actualmente seis plataformas superan ya esa cifra.
Paradojas de nuestra existencia: muchos jóvenes son capaces de pasarse horas pronunciando el sinsentido six-seven en un vagón tras verlo en un reel y, en cambio, sorprenderse por la huelga convocada para ese día en su línea habitual de la que informaron los medios que no consultan.
Como escribe Juan Gómez Jurado “Le dolía ver cómo un grupo de personas inteligentes y cultas como aquél quedaba escindido por culpa del miedo y la intolerancia”. Y la desinformación. Mantengamos la esperanza que siempre traen consigo los brotes verdes de la juventud. Primavera que no llega.







