Soberanía temporal

No por mucho madrugar amanece más temprano. Hoy es un día donde esta afirmación cobra más sentido que nunca después de haber movido la manecilla pequeña  del reloj en el sentido opuesto al que dicta el sentido común y el tiempo cronológico.  Dicen los científicos que, sobre el papel y aplicando la velocidad de la luz, se podría viajar al futuro. Claro, y si energéticamente esto nos  fuera posible; porque al precio que está el carburante, bastante tenemos con llegar a la vuelta de la esquina.  

Según la Relatividad General, dos personas que se mueven a velocidades diferentes pueden experimentar el tiempo de manera distinta.  Algo hay de cierto cuando se habla de sociedades de dos velocidades o incluso más. “Hay un tipo de pobreza nueva. Personas que trabajan pero cuyos ingresos no les permiten afrontar todos los gastos del mes”, según los responsables del Banco de Alimentos.  Datos de esta semana que acabará hoy una hora antes de lo habitual.

El banco del tiempo, aunque ayuda no le falta, no da crédito. El doctor José Antonio Trujillo es autor de “Nativos inteligentes, la generación de la inteligencia artificial”. Sostiene que, gracias a la IA, todos disfrutaremos de un “banco de tiempo”. La tecnología, explica, «nos puede hacer un montón de tareas rutinarias» que no añaden nada, liberando así un tiempo valiosísimo. El gran desafío es decidir en qué invertirlo.  O en qué deciden quienes nos mandan a qué lo dedicamos, si es que nuestro tiempo conserva aún algún valor, o si somos todavía conscientes de que cada segundo de nuestra vida no tiene precio, aunque otros lo tasen por nosotros. 

Cuando decimos que tenemos derecho a decidir nuestro propio futuro, se nos olvida que éste se crea de tiempo. Que primero debemos tener derecho a decidir nuestro propio presente, lo más inmediato. Tal vez sería más urgente empezar por reivindicar la soberanía temporal: ser dueños de nuestro propio tiempo. Y para esto no hay trucos de trilero ni cambio de manecillas que valgan.

Toda una revolución silenciosa pero inaplazable, pues todo segundo cuenta.  

Palabras sueltas

Weblog sobre radio, comunicación e historias del día a día. Me defino como un radioyente metido a locutor, pues el periodismo siempre fue una excusa para acortar distancias.