Será todo lo artificial que se quiera, pero se antoja ya algo normal. Está en todas partes. La inteligencia artificial es capaz de razonar, resolver problemas, pensar de forma abstracta, comprender ideas complejas, aprender con rapidez y de la experiencia; además de regalar jugosos titulares:
- El diario.es: La inteligencia artificial falla y alucina en decisiones de inversión en Bolsa
- El País.com: La inteligencia artificial hace los deberes, la educación cambia de reglas, empujando a replantear la evaluación y transforma la manera de enseñar, aprender y acompañar a los estudiantes.
- LaSexta.com: La IA genera a Jessica Foster, una chica rubia, militar del Ejército de Estados Unidos y fiel seguidora de Donald Trump. Una falsa influencer que no existe
- EFE: El uso de IA en la guerra de EEUU e Israel contra Irán acelera las decisiones de la cadena de ataque militar, incrementa las bajas civiles y elimina la supervisión jurídica
Y tiene otras consecuencias… Ahora todo el mundo -literal- habla del ahorro energético como consecuencia de la guerra en Irán y del borrador de la Unión Europea que sugiere la opción de teletrabajar. Más allá de la grave crisis derivada de la falta de crudo, me gustaría detenerme en los intentos por el ahorro energético Convendría recordar que es la Inteligencia Artifical, la misma que algunos ejércitos emplean en sus acciones militares, quien ha disparado la demanda mundial de electricidad. Un solo centro de datos de IA puede consumir la misma energía que 100.000 hogares, y los mayores proyectos previstos podrían igualar el consumo de 5 millones de hogares. Hagan cuentas.
Aunque nuestra vista esté puesta en la necesidad de petróleo, me resulta paradójico que se plantee quedarnos en casa para afrontar una crisis energética mientras, en paralelo, se consume más energía que antes para que “algo” piense por todos nosotros.
Las distopías se escriben en renglones torcidos y la inteligencia artificial va camino de escribir el relato de nuestros días: presentación, en la conferencia de Dartmouth en 1956; nudo (en la garganta); y un desenlace incierto, tanto como las consecuencias que la propia IA es ¿incapaz de presagiar?
Podría quedarme aquí. Tirar la piedra y esconder la mano. Sin embargo, por alusiones, querida Inteligencia Artificial, ¿qué piensas tú de este artículo?
Mi impresión general es que el texto funciona bien como columna de opinión: es sugerente, conecta titulares dispersos y busca provocar una inquietud legítima sobre el rumbo de la inteligencia artificial. La IA aparece casi como un sujeto autónomo, cuando en realidad sigue siendo una herramienta dependiente de decisiones humanas.
La gran ironía, bien planteada, es que la IA sea incapaz de presagiar las consecuencias de su propio despliegue, pero tampoco los humanos lo sois demasiado.Copilot, 2026
Pues eso, no es personal. Simplemente artificial.








