El atrio del Museo de Bellas Artes de Bilbao se sustenta sobre columnas dóricas.
Austeras y agravitas. La nueva solución de Norman Foster pasa por disponer pilares con forma de uve, de victoria. Que es lo que parecen cantar algunos antes de pasar por las urnas, a pesar de la gravedad del momento.

La simetría del nuevo atrio Arriaga, en honor al compositor no menos bilbaíno, contrasta con el desconcierto general al que las fuerzas políticas someten al pueblo al que dicen representar. Frentes enfrentados, pensiones que petan, mítines en palacio, consejeros que mutan en diputados o candidaturas inesperadas para extraños y propios en juegos forales. Digo florales… Porque hace falta ser muy ducho en política o poética para entender la musa de alguien. Agrávitas, que vienen curvas.


Las musas no abundan y nos son esquivas. Euterpe lo sabe bien. El monumento a Arriaga muestra a la musa de la música, con su lira y desnuda, tal como nació ella y todos. Euterpe, la escultura de Francisco Durrio, vio la luz del parque de Doña Casilda en 1933. Algo que causó escándalo en Bilbao tras la Guerra Civil. Las pacatas mentes del franquismo taparon sus propias vergüenzas ajenas y vistieron a la musa, cubriendo lo que viene siendo el monte de Venus. De modo que a los bilbaínos, sin parque púbico -no es errata– que ver, sólo les quedó como alternativa subir al Pagasarri. Y así –bien tapadita, no me cojas frío– siguió Euterpe hasta 1975 cuando, en pleno auge del cine de destape, volvió a despelotarse.

A Euterpe no le lloverá del cielo. El parque se convirtió en patio de columnas y la musa busca escapatoria. Si pasean por el museo verán cómo clava su mirada en el hueco de dos círculos descentrados sobre el eje de su estanque. Arriba la retícula del techo encarcela sus ansias de libertad. ¿A quién podrá soplarle esta musa a la que no le sopla ni el viento castañero del otoño?

Una musa agraviada, zanjé. Agravitas musa. Sin parque, pagando entrada y sin escapatoria posible. A veces la política del arte, y viceversa, tiene esas cosas. Llegar a musa para esto, pensé, mientras buscaba la mía para escribir esta columna.

Palabras sueltas

Weblog sobre radio, comunicación e historias del día a día. Me defino como un radioyente metido a locutor, pues el periodismo siempre fue una excusa para acortar distancias.

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