REvuelta

«Deberías haber convocado una rueda de prensa»- sentenciaba mi compañera de mesa y principal perjudicada por la cháchara sobrevenida. De bienvenidas y hallazgos propios van estas líneas. No es la primera vez, ni siquiera la segunda, aunque ésta tenga un cariz especial. La habitual hostialidad – no es errata- del gremio periodístico contrasta con el cariño que he sentido durante esta semana tras mi reincorporación a la radio. Agradecido. 

Siento hoy el mismo vértigo del abuelo que se monta de nuevo en la Vespino, la alegría del niño que cuenta los días para su cumpleaños, la calma del navegante que prosigue travesía tras doblar el Cabo de Buena Esperanza y la paz interior que concede el milagro de esta resurrección vocacional para la radio. Ilusionado. 

La felicidad habría sido plena si después de 20 años viera por aquí y oyera por allá a las personas que me enseñaron y pelearon por una radio mejor. Asumo el paso de los años y el júbilo que estos les proporcionan ahora a muchas de ellas en su retiro laboral. No olvido, en cambio, a las decenas de periodistas contra quienes hace justo una década se perpetró un destierro colectivo, confundiendo deliberadamente austeridad con purga y financiado con pólvora del rey. Su causa fue siempre la mía. Reivindicado. 

Sonar siempre significó para mí lo mismo que soñar, con la virgulilla como almohada. Porque mis sueños nunca pasaron por brillar ante multitudes, sino por sonar en la intimidad de quien busca la palabra como compañía. Y así, desde el agradecimiento por tanto a tantos, el aprecio a las personas con las que he compartido proyecto durante estos últimos años y con el recuerdo sincero a quienes sentí como parte de mí, es como hoy me permito volver a hablar por mérito y capacidad propias desde este lado del altavoz. Legitimado. 

El oficio es el mismo. Formas distintas de contar pequeñas y grandes historias. Buscar el ritmo y la cadencia entre el sonido y el silencio. La caricia de un verbo a través del auricular. Poner sentimiento en la palabra y encontrar palabras para el sinsentido de nuestros tiempos. Porque lo esencial es invisible a los ojos y, en esencia, lo que nos une es más de lo que nos separa. No se trata de un regreso a Radio Euskadi, sino de una REvuelta. Bienhallado.

«Dejad que cada cual se entregue a la práctica de aquella profesión que conozca bien».

Cicerón

Palabras sueltas

Weblog sobre radio, comunicación e historias del día a día. Me defino como un radioyente metido a locutor, pues el periodismo siempre fue una excusa para acortar distancias.