¿Me lo dices a mí?

Aprendemos a hablar de manera natural. En cambio, las formas en las que nos dirigimos a los demás no se transmiten con la misma facilidad. No existe una actualización disponible para eso.

Iba yo cavilando (y caminando) sobre esto cuando escuché un grito en plena calle. “Que no se te ve el pelo”. Miré hacia atrás, pensando que era a mí a quien se referían. Sin embargo, el realmente aludido se dio por tal en un sentido que el supuesto amigo, que a él se dirigía, no contemplaba por lo más remoto. La respuesta parecía sacada de Taxi Driver, el histórico film que justo este año cumple los 50 desde su estreno.  

Taxi Driver, 1976

Dijo por toda respuesta antes de indignarse y empezar a gritar. Porque nuestro involuntario Robert de Niro tenía tan mal genio acumulado en la boca del estómago como poco pelo sobre su cabeza. Y así, sin buscarlo premeditadamente, ese coloquial e inocente «que no se te ve el pelo» se convirtió en una injuria imposible de obviar puesto que el aludido padece una incipiente alopecia.  

El sucedido me hizo pensar sobre cuántas veces no le habremos preguntado a alguien «qué tal andas», sin reparar en que lleva muletas. O decir «me muero de risa» frente a alguien que ha sufrido recientemente una pérdida entre sus allegados.  

Por suerte, la educación nos ayuda a limar asperezas, reconocer en el otro nuestro escaso acierto y prevenir males mayores. Y pelillos a la mar o no, porque la paciencia es una virtud que se trabaja pero que tampoco conviene poner a prueba.  

Porque luego está esa gente indiscreta, que siempre que te ve te dice aquello de «pues vaya mala cara que tienes» sin recordar que -tal vez, quizá o a lo mejor- debería haberse visto antes en un espejo y comprobar que su reflejo no es mucho mejor que lo que tiene ahora ante sus ojos.  

Es lo que tiene hablar a borbotones, de manera torrencial… a lo Torrente, pero sin peli -ni pizca de gracia- que valga como excusa. Como un hombre de pelo en pecho y mucha prepotencia. La que concede un patrimonio valorado en más de 3 mil millones y muchos títulos en su trayectoria, también académicos, como el de ingeniero por la Politécnica de Madrid. Ni un pelo de tonto, vaya. Buena prueba de que un dirigente puede tener muchos estudios y muy poca educación.      

¿MeTodo sucedió en la misma semana, a pie de calle y también “en los despachos”. Apelamos al respeto y el fair play, aunque a estas alturas del cuento -sea quien sea quien lo diga- ninguna explicación posterior sirve para justificar semejante tomadura de pelo.

Palabras sueltas

Weblog sobre radio, comunicación e historias del día a día. Me defino como un radioyente metido a locutor, pues el periodismo siempre fue una excusa para acortar distancias.